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Para los colombianos
que crecimos a fines de la década de 1950, las historietas como
las de Tarzán y Superman fueron de gran importancia para el avance
en la habilidad para la lectura. En mi caso, la principal motivación
para aprender a leer cuando tenía cuatro años fue poder imitar
lo que hacían mis primos, que eran un poco mayores que yo: treparse
en un árbol en el antejardín de la casa de mi abuelo, en la carrera
53 de Barranquilla, leyendo durante largos ratos historietas o
"paquitos", como les decíamos. Mientras eso hacían mis primos,
a unos escasos metros, quien para nosotros parecía un loco pintaba
semidesnudo en la terraza de uno de los apartamentos del edificio
La Perla. Años después supe que se llamaba Alejandro Obregón,
el artista que inauguró la pintura moderna en nuestro país.
Ya ni mis estudiantes ni mis colegas economistas de menos de cuarenta
años están familiarizados con los personajes de las historietas.
Tal vez sus parcos hábitos de lectura estén relacionados con el
hecho de haber crecido en la era de la televisión.
Pues bien, recientemente en un seminario sobre la historia económica
de Colombia en el siglo XX realizado en Bogotá, y que convocó
más de 900 personas, hice un rápido sondeo entre economistas pare
saber los de qué edad sabían qué era el mundo bizarro. En los
de menos de cuarenta fue evidente: ninguno sabía. En contraste,
los de más de cuarenta recordaron con entusiasmo que el mundo
bizarro era un planeta en las historietas de Superman, en el cual
todo se hacía al revés. Por ejemplo, la pasta de dientes se usaba
para los zapatos y el betún para cepillarse los dientes.
A mi me parece que los directivos de Colfuturo deben haber llegado
subrepticiamente del mundo bizarro a bordo de una nave espacial,
pues aplican una lógica contraria a la sabiduría del planeta tierra.
Para la muestra un botón: la Universidad de Yale, una de las mejores
universidades de este mundo, hace algunos años anunció en forma
tajante que no otorga becas por mérito académico. Su filosofía
es clara: para entrar a Yale el criterio que se usa es el mérito
y para acceder a la beca se usa sólo el criterio necesidad económica.
Por lo tanto, si la persona no necesita recursos no se los otorgan.
En contraste, y como tal vez hacen en el mundo bizarro, en Colfuturo
el criterio para otorgar la beca-crédito es lo que ellos definen
como mérito, sin importar que la persona posea recursos o no.
Si usted es rico, pues sea más rico. Lo cual no está mal. Lo malo
es que lo hacen con nuestras exenciones tributarias. Durante el
mes de julio salió publicada en los principales periódicos del
país la lista de los 136 beneficiarios en el 2004 de la beca-crédito
de Colfuturo. Me voy a referir en este breve artículo a un aspecto
de los resultados publicados y del cual he sido crítico desde
hace varios años: de la falta de un balance regional en la selección
de becarios.
Como se puede ver en el cuadro adjunto, las cifras son de un marcado
sesgo regional. El 54.4% de los beneficiarios son de Bogotá, el
15.4% de Antioquia y el 7.4% del Valle. Es decir, el 77. 2% de
tres entes territoriales que sólo representan el 37.9% de la población
colombiana, el llamado Triangulo de Oro.
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En la convocatoria
de Colfuturo del 2003 esos mismos entes territoriales tuvieron el
75.8% de los beneficiarios, o sea que la tendencia es a una mayor
concentración regional en la distribución de estos subsidios. En
contraste con lo que sucede con el centro del país, a la Costa Caribe,
región donde vive el 21% de los colombianos, sólo le correspondió
el 6.6% de los beneficiarios. Como los departamentos más prósperos
son los que tienen más beneficiarios per cápita, el subsidio implícito
en la beca-crédito de Colfuturo es altamente regresivo territorialmente
(como lo es también desde el punto de vista interpersonal).
Colfuturo esta contribuyendo de esta forma a que la gente mejor
preparada del país sea cada vez más homogénea social, económica,
territorial y racialmente. Una tecnocracia muy diferente a lo que
es este inmenso país con regiones muy diferentes en sus características
culturales. De este modo, este programa destinado a mejorar el capital
humano de alto nivel de Colombia, contribuirá a que los desequilibrios
económicos regionales, y los educativos, sean cada vez mayores.
Quienes conocen esta problemática saben que en nuestro país cada
vez hay más desigualdades entre las regiones (lo que los economistas
definen como una ausencia de convergencia beta y sigma).
Lo grave de todo esto es que una situación de disparidades en los
niveles de desarrollo económico relativo tan grande es terreno fértil
para los populismos políticos. Basta mirar hacia la "hermana republica
bolivariana" para ver las consecuencias adversas de una crisis política
en la cual la creciente antipatía cultural hacia la corrupta élite
caraqueña es uno de los elementos más importantes, según los informados
conceptos de varios de los más reconocidos intelectuales venezolanos.
El tema de fondo es un supuesto dilema entre diversidad y una definición
arbitraria del mérito (que no es lo mismo que el talento). Realmente
lo que mide Colfuturo no es el mérito personal, pues ¿qué mérito
tiene haber nacido en la clase media-alta bogotana?. Eso es sólo
un accidente. ¿O es que los directivos de Colfuturo piensan seriamente
que en Colombia el 54.4% del talento está localizado en los barrios
de estratos altos de la capital? En Estados Unidos algunos analistas
piensan que la inteligencia de los afroamericanos está por debajo
de la media del resto de la población y que por esa razón tienen
un pobre desempeño intelectual (lo que se ha denominado el debate
de la Bell Curve). ¿Piensan algo así sobre los costeños, los chocoanos,
los nortesantandereanos o los caucanos los señores bogotanos que
orientan a Colfuturo?
¿Cuál es, en mi opinión, el problema? Si sólo se utiliza la excelencia
académica para escoger a los beneficiarios, definiendo esa excelencia
como la habilidad para ser aceptado a una buena universidad en el
exterior, sin siquiera importar que no necesite un subsidio, entonces
lo que se va a lograr es la escogencia de un limitado grupo socio-económico
y regional. Ello contribuirá a que Colombia sea cada vez mas desigual
en su desarrollo económico territorial y a que su élite académica
sea cada vez más diferente al resto de los colombianos: muy Tercer
Mundo.
¡Ah, pero no queremos rebajar los estándares de calidad! ¿Y quién
ha hablado de eso? Lo que pretendemos los que hemos sido críticos
de las políticas de becas de Colfuturo y Colciencias es que se entienda
que este es un país muy heterogéneo en sus niveles de desarrollo
económico, social y educativo. Por esa razón es necesario tener
programas que no sólo beneficien a la cúspide de la pirámide educativa
sino a todos los niveles de ésta. Por supuesto, si algún colombiano
es aceptado para hacer un doctorado en Yale o en Harvard debe ser
apoyado independientemente de su región de origen. Eso sí, señores
de Colfuturo, en caso de que tengan escasez de recursos para financiarse
pero no si le sobran, como a menudo sucede en los programas de becas
para el exterior en Colombia (y poner ejemplos seria odioso).
Es cierto que resulta poco probable que alguien de Sucre, de Choco
o de Norte de Santander sea admitido en un programa de doctorado
en el Ivy League. Pero se podrían hacer programas orientados para
que esas regiones logren mejorar su recurso humano de alto nivel.
Por ejemplo, hace algunos años el programa de LASPAU fue muy exitoso
en lograr que muchos profesionales colombianos de provincia y que
trabajan allí fueran a especializarse en Estados Unidos. Ese programa
hacía tres cosas que le permitieron tener éxito donde ha fracasado
Colfuturo: 1) ubicaba gente con talento académico en regiones rezagadas
de Colombia que quisieran especializarse en Estados Unidos, 2) les
financiaban hasta un año de aprendizaje de inglés en ese país en
caso de que no tuvieran el dominio de ese idioma y 3) los ayudaban
a ser admitidos en una buena maestría o doctorado de acuerdo con
el perfil profesional que tenían. El éxito no es imposible. LASPAU
todavía existe aunque ya no desarrolla programas en Colombia sino
que se concentra en países menos desarrollados que el nuestro, como
Bolivia, por ejemplo. ¿Podrían ellos ser asesores de Colfuturo?
Estoy seguro que lo harían con gusto y tal vez a muy bajo costo.
En síntesis, no deben existir programas para la cúspide de la pirámide
educativa, abandonando todo lo demás, pues ello lleva a que cada
vez se hagan más grandes las brechas económicas entre las regiones
de Colombia. Eso no es bueno para nadie, pues en el largo plazo
ello afectará no sólo a la economía sino también la legitimidad
de las instituciones y la gobernabilidad del país. Piénsese lo que
sucede en Venezuela. Allí uno de los componentes más sobresalientes
de la crisis es la reacción cultural y social en contra de la élite
caraqueña. O para no ir tan lejos, ni ser tan dramáticos, recuérdese
que el referendo de Uribe fue aprobado casi en su totalidad si se
excluyen los siete departamentos de la Costa Caribe continental.
Y no quiero pensar en un Chávez colombiano.
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